Existe una zona gris en donde pasan los días lentos, donde transcurren, sin acontecimientos notorios, horas y minutos hasta que se cierran los ojos.
Intentas, de cualquier manera pintar la zona gris de algún color, después de todo, el arcoíris se muestra ante ti con su naturaleza arrogante, que se ve pero no se toca, se percibe pero no se siente. Así, inalcanzable, casi mitológico.
Una canción, una risa, una patada, una melodía. Todas, esbozos de tintas que se derraman esporádicamente sobre la zona gris. Pero ella, como muro, predominante, inamovible, tan pesada… que pareciera que toda la materia colorida del mundo no tiene cómo cambiarla.
Pero lo tienes todo… todo para no entrar en la zona gris. La culpa.
Estás atrapado en la monocromía de la vida. ¿Cómo vas a salir de ahí? Lo tienes todo. La culpa.
Motívate, aquí hay muchos colores para llenarla. ¿Qué es lo que tanto necesitas? Lo tienes todo. La culpa.
¿Lo tengo todo?
